La amarga noche de Miranda

Ilustración de Antonio Bosch Penalva
Detenido por los que hasta hace poco eran sus subordinados, el viejo general no dejaba de pelear. Unas veces en francés, otras en castellano. En voz baja casi siempre. Perseguido por soldados, reyes y obispos, Francisco de Miranda terminó preso por sus propios conciudadanos, jóvenes aristócratas convertidos en soldados, abogados de bajo vuelo alzados por los vientos de la revolución.

Se salvó de la Inquisición, de los enemigos en Francia, de sus superiores en España. No pudo huir de las garras de los venezolanos.

No se cansaba de recordar cuando, en 1810, Simón Bolívar lo visitó en Londres, acompañado por Andrés Bello y Luis López Méndez. La misión era llamarlo a su patria, Venezuela, a asumir las riendas de la lucha por la libertad. Su sueño de toda la vida.

La noche del 30 de julio de 1812, ese muchacho Bolívar -que no dejaba de hablar y hablar en aquella reunión en la capital británica- amenazó con fusilarlo en La Guaira.

El joven caraqueño, acompañado por Tomás Montilla, José Mires, Miguel Carabaño y el francés Raafel Chatillón, entre otros, entregaría al Generalísimo a los españoles.

Miranda moriría en la prisión española de La Carraca en 1816.

“El racionalista Miranda, formado en la mejor lógica del Enciclopedismo europeo”, analiza Mariano Picón-Salas en su biografía del Precursor, “ahora se encuentra con los fenómenos más irracionales. Aquí fracasarían Voltaire, Montesquieu, Diderot, los amados autores en que estudió el proceso de las sociedades humanas. Los pueblos no siempre eligen lo que les conviene, y la falta de discernimiento entre el mal y el bien no es solo un problema teológico, sino también histórico”.

Toda la euforia de la revolución de 1810 y la declaración de Independencia de 1811 se disolvió cuando las provincias se dividieron entre la adhesión a Fernando VII y la naciente República. Las tropas realistas mantuvieron la salida al mar a través de las provincias de Maracaibo y Coro, y la fértil Guayana. A partir de allí comenzarían su reconquista.

Tras las fallas del Marqués del Toro, el Gobierno designó a Miranda como líder militar. Su experiencia en los combates por la Independencia de Estados Unidos y la Revolución Francesa resultaría de peso al momento de la elección, a pesar de la inquina de los mantuanos contra el descendiente de canarios.

El 8 de febrero de 1812 llegó a las costas corianas el capitán de Fragata Domingo Monteverde, enviado por las autoridades españolas en Puerto Rico. A los 120 hombres que trajo el isleño se le unieron 200 del indio Reyes Vargas, que traicionando las banderas republicanas se unió a las realistas en Siquisique.

Monteverde toma sin problemas Barquisimeto el 2 de abril, destrozada luego del terremoto del 26 de marzo. Un mes después Valencia regresaba bajo el manto de Fernando VII.

Antes de conocer las noticias sobre Valencia, el Poder Ejecutivo designó a Miranda Generalísimo, con facultades para decidir en lo civil y lo militar. Con el poder absoluto en sus manos, el caraqueño se lanza al ataque contra Monteverde, pero tiene que replegarse constantemente. Pese a derrotar al canario en La Victoria, no le persigue para terminar de destrozar sus fuerzas.

La caída de Puerto Cabello el 30 de junio de 1812, fortín bajo el mando del entonces coronel Bolívar, termina de hundir las esperanzas del Generalísimo. El castillo de San Felipe pasa a las manos españolas luego de la traición de Fernández Vinoni, aunque también por la desatención del futuro Libertador, que acudió a una boda la noche antes. Casi dos mil quintales de pólvora, artillería y municiones engrosaron el arsenal realista.

Ilustración de Antonio Bosch Penalva


“Venezuela está herida en el corazón”, exclamó Miranda al conocer la noticia, según algunos historiadores en francés.

La insurrección de los esclavos de Barlovento, la huida de la familia del Marqués del Toro y la abierta rebelión de otros elementos militares aceleraron la solicitud de capitulación ante Monteverde.

El 25 de julio Miranda entregaba “al jefe español todas las provincias de la confederación que aún permanecían sujetas al gobierno republicano”, recuerda Rafael María Baralt en su Historia de Venezuela, “así como el armamento, pertrechos de guerra y cualquiera otro artículo de pertenencia nacional; comprometiéndose Monteverde a respetar la libertad, seguridad y propiedad de las personas, cualesquiera que hubiesen sido sus opiniones o conducta en la revolución”.

Baralt atribuye a Manuel María de las Casas y a Miguel Peña, gobernadores militar y civil de La Guaira, respectivamente, ser los actores intelectuales de la prisión de Miranda: “Empezó a correrse la voz de que Miranda había recibido dinero de los españoles como precio de su desgraciada capitulación. Añadíase que a bordo de un buque surto en la rada había depositado muchos miles de pesos, con los cuales pensaba irse a pasar el resto de su vida en países extranjeros, después de haber vendido a su patria. Cuidóse de insinuar hábilmente tales infamias en el ánimo de los militares y éstos exasperados ya hasta lo sumo y unánimes en atribuir a Miranda las desgracias sucedidas, se indignaron al considerar que el autor de ellas intentase escapar, dejándolos entregados a su suerte”.

El 30, Casas y Peña firmaron la orden de arresto, ejecutada el 31 en la madrugada por Bolívar y el resto de oficiales.

Miranda se había quedado en tierra, en la comandancia general de La Guaira –donde residía Casas-, negándose a embarcarse en uno de los barcos ingleses que lo sacaría del país. “Cuando los oficiales entraron en la pieza donde dormía el Generalísimo”, narra Caracciolo Parra Pérez en su Historia de la Primera República, “éste creyó que venían a despertarle para que se embarcase. Al advertir de lo que se trataba, tomó de manos de su edecán Soublette (futuro presidente de Venezuela) la linterna y, alzándola hasta la cara de los conjurados para reconocerles, pronunció la frase célebre: ‘Bochinche, bochinche, esta gente no sabe hacer sino bochinche’. Y siguió en silencio a sus enemigos”.

Aunque Baralt habla que el grupo no pretendía ejecutar al Generalísimo caído en desgracia (“No veían en aquel arresto sino una detención que duraría lo que durase el embargo y él tardase en explicarse”, dice el historiador zuliano), Pedro Briceño Méndez, compañero del Libertador hasta el final de sus días, señala que sí lo pensaron en hacer y que lo prohibieron Casas y Peña.

“Indignado Bolívar de esta nueva traición trató con los coroneles Mires, Miguel Carabaño, comandante Tomás Montilla y otros jefes más comprometidos sobre el modo de salvarse y habiendo convenido en que no había otro modo que el de arrestar al Dictador y castigarlo por sus traiciones, se dirigieron al comandante de armas de la plaza (que lo era el Coronel Manuel María Casas)”, señala Briceño Méndez en su Relación Histórica sobre la vida del Libertador. “Este accedió al plan y dio al coronel Bolívar la comisión de que ejecutase el arresto. Bolívar, acompañado de los mismos jefes nombrados, lo verificó y entregó al Comandante de la plaza el reo en la noche y acordaron diferir la ejecución capital, con que pensaban castigarlo, para el siguiente día. La ejecución quedó sin efecto, por qué parece que el coronel Casas recibió órdenes o avisos de Caracas que le hicieron temer la venganza de los españoles ya vencedores, y se opuso también a que Bolívar y sus compañeros se embarcaran. En consecuencia todos cayeron en poder del enemigo”.

La versión de Briceño Méndez es corroborada por el coronel Belford Wilson, que escribió en 1832 a Daniel Florencio O’Leary: “El general Bolívar siempre se glorió delante de mí de haber arriesgado su propia salvación, que pudo haber conseguido embarcándose, con el fin de asegurar el castigo de Miranda por la traición que se le atribuía. No carecían de fundamento sus razones, pues argüía que si Miranda creyó que los españoles observarían el tratado debió quedarse para hacerles cumplir su palabra, y si no, era un traidor por haber sacrificado su ejército”. 

Ilustración de Antonio Bosch Penalva

¿Hacia dónde se iba Miranda? Pedro Gual, abogado y diplomático de la naciente república, contó en un artículo que luego de la capitulación conversó con el líder caraqueño sobre su destino. El Precursor aseguraba que España cumpliría con lo previsto en el tratado y que él se dirigiría a Nueva Granada para recibir el apoyo de Antonio Nariño. Quería ir a Cartagena y “con los recursos que podamos llevar con nosotros de acá, oficiales, municiones, etcétera y los que probablemente se obtengan allá, entraremos en Caracas sin correr los peligros de toda índole que se ciernen sobre nosotros en este preciso momento”.

Pero, preso Miranda, es enviado a Puerto Rico junto con otros ilustres próceres. Bolívar –desconociendo el plan del Generalísimo- realizaría ese año el periplo pensado por el héroe caído en desgracia.

El futuro Libertador se encontraría posteriormente con Monteverde. De esta reunión emanan distintas versiones, pero la certeza de que el jefe realista agradecería “los interesantes servicios”. Lo hizo en una carta al Gobierno español, reseñada por Parra Pérez: “Los que fueron contagiados, pero de algún modo obraron opuestamente a la maligna intención de los facciosos… En esa clase, Excelentísimo Señor, se hallan D. Manuel María de las Casas, D. Miguel Peña y D. Simón Bolívar… Y no puedo olvidar los interesantes servicios de Casas ni el de Bolívar y Peña”. La misiva es firmada el 26 de agosto.

Bolívar recibiría un pasaporte al exterior, desde donde reiniciaría la lucha por la Independencia venezolana. Monteverde lamentaría la decisión: se iría de Venezuela con la quijada destrozada, durante la Campaña Admirable que encabezó el caraqueño en 1813.



Picón-Salas, en su biografía sobre el Generalísimo, cuenta que en la reunión entre Bolívar y Monteverde sirvió de enlace el amigo del primero, el comerciante español Francisco Iturbe. Cuando se habló de “los interesantes servicios”, el caraqueño replicó: “Le prendí (a Miranda) para castigarlo, no para servir al Rey”. Alegó Iturbe, ante la sorpresa del capitán de fragata, para calmar los ánimos: “Ese joven no es más que un calavera. Déjalo que se vaya”.

Simón Bolívar probaría, poco después, la amargura de la traición. En 1814 en Carúpano es acusado de ladrón y desertor por José Félix Ribas y Manuel Carlos Piar, poniéndolo en prisión y luego enviándolo al exilio; en 1816, en Güiria, José Francisco Bermúdez lo intenta atacar a sablazos por diferencias, obligándolo a irse a Haití. Y en 1828, en la nefanda noche de Bogotá, no olvidaría la suerte de Miranda cuando un grupo de adversarios políticos pretende asesinarle.

La madrugada de La Guaira representó para Bolívar el nacimiento como líder, más allá de lo controversial de su intención de fusilar a Miranda y de su entrega a los españoles. En palabras de Picón-Salas: “Y es en ese momento dramático en que el discípulo se enfrenta a su maestro; en que el subalterno se siente poseído de un heroico y grande destino, y quiere abrirse paso por sobre toda ligadura de tradición o amistad. Para recuperar su ímpetu y su alma, en un acto desesperado de salvación psicológica, Bolívar se cargó de cólera contra Miranda. Y esta cólera, atizada por todas las reacciones del ambiente, lo cura un poco del sentimiento de humillación e inferioridad que le produjera el desastre de Puerto Cabello. Bolívar anhela ahora ser el único dueño de su imperiosa misión. Desde ese momento ya no tendrá más jefes”.

Comentarios

  1. Historia falsa... Bolivar era el cobarde y el traidor... todo en uno...

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  2. Primero que todo Bolivar perdió el activo más valioso de esa revolución .. el Castillo de Puerto Cabello, lo cual selló el destino de esa “gesta”... huyó con su Estado Mayor, poniéndose a
    salvo en un barco que gobernaba un español. Era la primera vez, pero no la
    última, que abandonaría a los hombres que le quedaban sin hacer ningún
    esfuerzo postrero por salvar la plaza a su cargo. Él mismo escribió a Miranda:
    ¿Con qué valor me atreveré a tomar la pluma para escribir a Vd. habiéndose perdido en mis
    manos la plaza de Puerto Cabello?... Mi espíritu se halla de tal modo abatido que no me siento
    con ánimo de mandar un solo soldado… mi presunción me hacía creer que mi deseo de acertar
    y mi ardiente celo por la patria, suplirían en mí los talentos de que carezco para mandar. Así,
    ruego a Vd., o que me destine a obedecer al más ínfimo oficial, o bien que me dé algunos días
    para tranquilizarme.

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  3. Francisco de Miranda salió para La Guaira acompañado de Soublette y dos criados. Su equipaje fue sacado del Watson y pasado a la corbeta Saphire cuando el 30 de julio llegó al puerto de La Guaira y se quedó a pernoctar en la residencia del gobernador Manuel María de las Casas. Esa noche hubo una cena a la que asistieron el propio Casas, Peña, Miranda y varios otros personajes. El único que sospechó de que algo se tramaba fue el capitán del Saphire, un tal Haynes, quien instó a Miranda a embarcarse esa misma noche y no dormir en tierra. No hizo caso de la advertencia; esa madrugada del 1 de agosto, hacia las tres, Bolívar y otros tres conjurados irrumpieron en su habitación y lo pusieron preso. Casas estaba también comprometido en la conjura pues, luego que fue detenido, se hizo presente y entre todos lo obligaron a ir al castillo San Carlos donde lo encerraron con sus amigos. Peña salió para Caracas a avisar del suceso a Monteverde, quien escribió al gobierno español sobre los buenos servicios prestados a la causa de Su Majestad por los señores Manuel María de las Casas, Miguel Peña y Simón Bolívar.

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  4. Bolívar luego justificó su traición a Miranda aduciendo que lo había hecho porque su amigo se había convertido en un traidor a la causa revolucionaria por haber capitulado ante Monteverde. Jamás contempló que él mismo iba a salir huyendo varias veces, justamente como lo había hecho su
    amigo, y sin ninguna capitulación honorable. Tampoco reparó en que
    Miranda le perdonó su irresponsabilidad en Puerto Cabello, cuando pudo
    haberlo sometido a un consejo de guerra, tanto por descuidar el Castillo, como por desertar de la plaza a su cargo. Mientras tanto, Bolívar pudo embarcar clandestinamente la plata que había robado de las iglesias de Puerto
    Cabello en el Saphire, pero al no poder embarcarse en el navío inglés lo hizo en una goleta española, la Jesús, María y José, en compañía de su tío político José Félix Ribas, Manuel Díaz Casado, Vicente Tejera y otros. Y buena vida braguetera comenzó a darse en Curazao mientras Miranda daba con sus huesos en la cárcel de la Carraca en Cádiz desde donde escribía, arrepentido,
    sobre sus intentos independentistas.

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  5. A Bolívar pronto se le acabó el dinero que llevabaconsigo, entre otras razones, porque tuvo que pagar las deudas que contrajo con el corsario
    Celoso cuando fue comandante de la plaza. Tuvo que pedir ayuda a Juan José Toro por intermedio de Iturbe y hasta pedir dinero prestado para sobrevivir
    en Curazao. La llegada del Saphire con sus dos baúles cargados de plata saqueada de las iglesias de Puerto Cabello debió producirle un sentimiento de alivio que poco le duró, pues ambos baúles fueron embargados por la aduana de Su Majestad Británica por haber sido desembarcados clandestinamente.
    Queda corroborado este aserto porque el gobernador de Curazao, Hodgson, da fe en carta a Bathurst, el 27 de septiembre de 1812: «Dos baúles de plata han sido reclamados por don Simón Bolívar como su propiedad privada; están embargados por el colector de las Aduanas de Su majestad por
    violación de las leyes de hacienda, por haberse desembarcado de modo
    clandestino». «Propiedad privada» es el nombre que Bolívar da a lo robado...

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  6. «Bolívar no era un hombre, sino una hiena traicionera que no vacilaba en entregar a sus propios compañeros con tal de él librarse de las consecuencias de sus propios actos. Esta fiera desenjaulada recibió de manos de Monteverde el pasaporte que habría de darle la libertad, Majestad. Un escrito dejado por una persona que conoció de
    cerca a los personajes involucrados en esta traición dice que esta fue una
    acción infame de cuya negra mancha no podrá jamás lavar su reputación».
    Esta cita pertenece a don
    José Francisco Heredia, que dejó unas Memorias sobre las Revoluciones de Venezuela y quien había sido Regente de la Real Audiencia de Caracas.

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    1. Parece q Bolivar no fue El Dios en q lo convirtieron, cometio muchos errores y traiciones, en su lucha x la independencia tuvo buenas estrategias pero fallo en otras, fusilo a varios lideres Como piar, El almirante Padilla, entrego a Miranda, y despues se convirtio en dictador d la Gran Colombia q era una Buena idea suya pero El mismo la daño x su excesivo personalismo.

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  7. Bolivar fue un hombre con virtudes pero con muchos defectos, a El le Dan Toda la Gloria pero no hubiera podido sin la ayuda d hombres Como Santander, paez, urdaneta , sucre, Cordoba y otros El queria la Gloria para SI x eso traiciono al general Miranda.

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  8. Hay que analizar y entender los hechos como se narran, además nunca sabremos con exactitud que razones impulsaron a los que detuvieron a Miranda a tal acción. Pero por los hechos posteriores Bolívar demostró que su deseo era alcanzar la independencia de toda la América de España. Los que hablan y opinan mal de Bolívar no conocen la historia ni la observan en la amplitud que deberían. El arresto de Miranda fue seguro una equivocación o quizás no, pero los hechos vistos en su conjunto demostraron las intenciones del futuro Libertador de cinco naciones.

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  9. Galeano, calla, y ponte a estudiar historia. Bolívar es un traidor, un genocida y un megalómano. Y la Independencia una real estupidez innecesaria. Póngase a estudiar, se lo digo en serio.

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