La Campaña de Carabobo, fase previa a la Batalla del 24 de junio de 1821

 

Carabobo, ilustración de autor desconocido
Carabobo, ilustración de autor desconocido

Simón Bolívar planifica, una vez roto el armisticio de 1820 con los realistas por la toma de Maracaibo en 1821, dar el golpe definitivo para llegar a Caracas. Comienza la Campaña de Carabobo, que culminará con la Batalla del 24 de junio de 1821.

Punto por punto, de forma didáctica, destacaremos cuáles fueron los movimientos del Ejército Libertador antes de la batalla.

Mapa de la Campaña de Carabobo, del libro Historia Gráfica de la Guerra de Independencia de Venezuela
Mapa de la Campaña de Carabobo, del libro Historia Gráfica de la Guerra de Independencia de Venezuela


Desde Trujillo avanza Cruz Carrillo el 28 de abril, con 100 hombres. Llega hasta Ospino.

Simón Bolívar marcha desde Barinas el 13 de mayo, entrando a San Carlos el 2 de junio.

José Antonio Páez comenzó su marcha el 10 de mayo, llegando con la caballería a San Carlos el 7 de junio. Su infantería arriba el 13.

Rafael Urdaneta, desde Maracaibo, pasa el Lago hasta los Puertos de Altagracia. Entra en Coro, realista hasta ese momento, el 11 de mayo. Baja a Barquisimeto, donde le entrega parte de su Ejército a Cruz Carrillo. Los problemas de salud le impiden estar en la Batalla de Carabobo.

José Francisco Bermúdez protagoniza un movimiento de diversión: ataca desde Barcelona a Caracas con 1.200 hombres, obligando a los realistas a dividir sus fuerzas. Entró a la capital el 14 de mayo. Tras pasar a los Valles de Aragua, debe retirarse a Caracas y Guatire el 24.

Los realistas, bajo el mando del general Miguel de La Torre, se retiran de San Carlos a Valencia, enviando a tropas de Francisco Tomás Morales a Caracas para pelear contra Bermúdez, dividiendo sus fuerzas. Recupera la capital, pero a costa de su superioridad de cara a la Batalla de Carabobo.


El resto es historia que contaremos en la siguiente publicación.

Puedes consultar también en este link la Cronología de la Batalla de Carabobo que realizamos previamente.

Comentarios

  1. Tendrá información del Cap. Jose Roque Pinto

    Soy su Tataranieta así como su fiel y orgullosa admiradora

    ResponderEliminar
  2. José Roque Pinto, profeta en su tierra (Por el Prof. José Núñez)
    🤔
    El aire olía a café recién tostado y a tierra húmeda en los Altos de Guaicaipuro. Un aire que, junto al cantar de los gallos, despertaba temprano a los peones que con sus mulas trabajaban los conucos en esa empinada región. Allí, entre claras y frías neblinas, nació José Roque Pinto un 24 de marzo de 1795, hijo de humildes agricultores y de una tierra que se resistía a olvidar el eco de aquellas montañas libertarias.

    De niño, José Roque no conoció otra escuela que la del trabajo. Autodidacta, aprendió a medir la cosecha, a distinguir el grano bueno del cizañoso y, sobre todo, a mirar lejos, como si cada colina fuera una frontera por conquistar. Los viejos decían que tenía el temple de los que no se doblegan ni ante la lluvia ni ante el miedo. Cuando los rumores de guerra llegaron de Caracas como reguero de pólvora, Pinto dejó el arado y tomó el fusil. “Por la república y por esta tierra que me dio nombre”, juró frente al altar de San Pedro, mientras su madre, con el miedo apretado en el pecho, susurraba una oración contenida.

    En los años turbulentos de las luchas de independencia, los caminos de San Pedro parecían ríos de soldados. Las haciendas, antes silenciosas, se convertían ahora en refugios y hospitales improvisados. Pinto, ya capitán por méritos ganados en la contienda, se movía entre las montañas con la certeza de quien conoce cada recodo, cada quebrada que escondía a un guerrillero o una esperanza. Su liderazgo no provenía del rango, sino del ejemplo: cargaba el fusil, compartía el rancho, escuchaba al campesino. Era un hombre que mandaba sin gritar.

    Cuando el estruendo de los cañones se apagó y la patria nueva asomó entre ruinas y heridas, José Roque volvió a los Altos con la misma calma de quien sabe que la lucha no termina con la victoria. Fundó una escuela junto a la iglesia, donde antes estaba el campamento. “El que no aprende, vuelve a ser esclavo”, repetía a los niños que lo escuchaban hablar de Bolívar y de justicia. Bajo los cipreses de la plaza, entre el aroma del café, fue tejiendo una nueva independencia: la de la enseñanza.

    El tiempo, que devora héroes con la misma hambre que engrandece mitos, lo fue dejando en la memoria del pueblo. Los más viejos aún aseguran verlo encorvado pero altivo, caminando a lo largo del sinuoso camino montañoso con su sombrero ancho y un bastón, saludando a todos con quienes cruzaba la mirada. En los cafetales aún se escucha su voz, llevada por el viento del amanecer:
    —El suelo se defiende sembrando,mis hijos, sembrando libertad.

    Y así, entre surcos y recuerdos, José Roque Pinto quedó sembrado en su tierra, como el imaginario de una república que creció junto a los caminos humildes, donde la patria se hacía cotidiana en el café de las mañanas y en la palabra enseñada.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario