El humor en tiempos de guerra

Tomás Montilla
Todavía en los tiempos de la guerra, donde la muerte y la destrucción eran comunes como hoy lo son ir a comer un helado o visitar a la familia, se podía reír un poco.

Muchos de nuestros héroes no eran sólo guerreros que sabían tomar una espada o disparar un trabuco: tenían sentido del humor. Si bien Bolívar tenía el carácter según el día (a veces serio, otras galante o melancólico, o explosivo y burlón), Sucre era casi siempre circunspecto y Anzoátegui era conocido como el "Sempiterno regañón", otros vivían con la risa en los labios. Tal es el caso de los hermanos Montilla, en especial Tomás y Mariano.

Caraqueños e integrados a las fuerzas revolucionarias desde el movimiento del 19 de abril de 1810, Tomás llegó a General de Brigada y Mariano a General de División. Era mayor Mariano, pues nació en 1782; cinco años después vino al mundo Tomás. Los dos eran bien conocidos por sus chanzas y humoradas.

De Mariano hablaba Bolívar en el Diario de Bucaramanga: "Es una de nuestras mejores cabezas: genio, talento, luces, sagacidad, todo esto se encuentra en él (...) es lástima que sea tan chancero y que lleve esta costumbre hasta en los negocios y asuntos más serios".

Hoy nos referiremos a un episodio de Tomás, encontrado en el libro Bolívar y la Guerra a Muerte, de Rufino Blanco Fombona. Para conocer un poco al personaje, destaquemos que luchó en la Campaña Admirable, venciendo en Niquitao, Los Horcones y Taguanes, además de estar en San Mateo. Falleció en 1822, víctima de una enfermedad.

Esta carta la escribió a otro héroe con gran sentido del humor, el marabino Rafael Urdaneta. En otro episodio hablaremos sobre "El Brillante".

Cartagena, 7 de junio de 1816

Señor General Don Rafael Urdaneta


Compañero y mal amigo. ¿Habrá usted creído que estoy en crisálida? ¿O excomulgado? El excomulgado es usted, que está separado de la comunicación con nosotros, los buenos: y próximos a caer en poder de Calzada. Dios lo ayude y libre de tal suerte, porque morir a lanza fría es mala cosa.

Yo estoy, créamelo usted, amolado; pobre como Cristo, calenturiento, azorado, con un pie en la cárcel y otro en el destierro, etc. Ya sabrá usted que Caracas está en poder de "nuestro Soberano"; Bolívar y Mariño en Jamaica; Florencio (Palacios) mandando al Ejército; Mariano (Montilla, su hermano), Mera, Martínez y otros arrestados por Florencio; tres o cuatro fanegadas de venezolanos presos por esta Santa Inquisición, y otras noticias más o menos importantes.

No he tenido nuevas de mi caro y muy amado Calabozo. José Félix Ribas murió en alto puesto. El resto de su familia, a lanza; entre ellos Narciso Blanco, cuya barriga opuso fuerte resistencia a una de las mejores picas del Llano.

Mis parientes, conocidos y aquella encantadora muchacha que usted no ignora, gozan de Dios, gracias a Boves. Mi madre murió y yo estoy vivo, sin duda para algo bueno.

Adiós, y escriba y mande a este, su afectísimo duende, pues no sé qué soy. Tomás Montilla.

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