Camilo Riaño: "De Urdaneta admiro su honestidad"

Con la rectitud moral como pedestal, Rafael Urdaneta pasó a la historia como el zuliano de mayor renombre en la historia de Venezuela. No obstante, Colombia también ha buscado reivindicar la figura del general marabino en los últimos años, después de décadas de críticas basadas en los hechos de 1828-1830.

El general colombiano Camilo Riaño (Ibagué, 1930) es uno de los biógrafos neogranadinos más destacados del prócer zuliano. Es el miembro de número más antiguo de la Academia Colombiana de La Historia, a la que ingresó en 1962, asumiendo su sitial en 1966. En 2008 publicó su libro Urdaneta (Editorial La Oveja Negra, Quintero Editores, 285 páginas), en la que muestra la trayectoria vital del héroe del Lago.

“A mí, el presidente de la Sociedad Bolivariana de Colombia me nombró para dar el discurso de reconocimiento y agradecimiento a la comisión venezolana de los 200 años del nacimiento del general Urdaneta (1988)”, recuerda el militar e historiador. “Me consagré a estudiar el fondo político del asunto para decir el discurso. Yo ya conocía su trayectoria militar, pero no había incursionado en el asunto político. Me pareció que con el general Urdaneta los colombianos hemos sido muy injustos, con su magnífica obra”.

“De él admiro su honestidad y su obra a favor del Libertador y su pensamiento de unidad de Colombia y Venezuela”, confesó.

Urdaneta, nacido en Maracaibo en 1788 y fallecido en París en 1845, combatió bajo el mando del Libertador Simón Bolívar desde 1813. En 1810 se había unido a la lucha de la Independencia de la Nueva Granada, a la que llegó desde Maracaibo para estudiar, participando en los conflictos entre los patriotas de los primeros años.

Luego de consolidar la libertad de su país natal pasó a organizar la Gran Colombia, conformada por Venezuela, la Nueva Granada y Ecuador.

General Camilo Riaño

En 1828, tras el intento de asesinato de Bolívar, el marabino fungió como juez de la causa contra los complotados, que casi termina con la ejecución de Francisco de Paula Santander, conmutado por el Libertador. Dos años más tarde, asumió la dictadura ante la salida del genial caraqueño, con el interés de preservar la unidad grancolombiana, que no pudo mantener.

“Urdaneta se educó, como usted lo sabe, desde muy niño en Bogotá y participó en las guerras civiles. Estuvo muy ligado a Bogotá. ¡Cómo sería, que los venezolanos del ejército de Bolívar le decían el granadino!”, recuerda Riaño. “Se casó con la mujer más elegante y más bonita de Santa Fe de Bogotá, hija de uno de los mártires de la Independiencia, fusilado por Pablo Morillo en 1816: Dolores Vargas París. Sus hijos nacieron en Bogotá, los primeros de sus once hijos”.

La figura de “El Brillante”, a raíz de los hechos de 1828-1830, fue criticada por la historiografía colombiana, que pretendió exaltar a Santander detractando al marabino. “El odio que le tuvieron surge sobre todo por lo que llamaron ‘la Dictadura de Urdaneta’. En un país naciente, en el que las ordenanzas militares españolas estaban vigentes en Colombia, y las leyes no estaban consolidadas, su dictadura fue legal. Nosotros, los colombianos, en ese momento tuvimos un fallo en convertir a Urdaneta en reo de delitos comunes, no respetamos el pacto de Apulo (1830), por el que se comprometieron los firmantes a no tener represalias contra los bolivarianos. Buscaron meterlo a la cárcel. Desde ese momento, con Urdaneta, se inició en América el buscarle a los individuos que desempeñaron cargos políticos delitos comunes”.



Otros historiadores, como José Manuel Restrepo, resaltan el interés del marabino en instaurar una Monarquía. Considera Riaño: “Creo que en ese momento había desconcierto por cuál sistema político se debía implementar en Colombia. ¿República o Monarquía? América estaba acostumbrada a la Monarquía, muchos la deseaban en el interior de su alma. No era un delito. Muchas personas deseaban volver a los viejos tiempos, la República era vista como un desorden. La Monarquía trataba de, con un rey, ser más estable”.

Aunque Urdaneta intentó mantener unida la Gran Colombia, los choques terminaron con su disolución en 1830.

“Fracasó por las diferencias de las clases dirigentes de Venezuela, Colombia y Ecuador”, afima el general Riaño. “Tenían caracteres distintos. Además los venezolanos consideraban inconsulta la integración a la Nueva Granada. No había medios de comunicación, carreteras, ni aviación, ni radiodifusoras ni nada de eso. El territorio era muy amplio y la unidad, difícil”.

“Era muy complicado manejar a Páez en Venezuela y a Flores en el Ecuador”, recalca. “Cada quien tenía ganas de mandar en sus países. Y los granadinos tenían ganas de conservar sus privilegios. Ningún gobernante quiere que le resten su autoridad. Las diferencias de Páez, un llanero indómito, y Santander, un hombre más atemperado, también aceleraron la división”.

Luego de sufrir exilio y pobreza por su bolivarianismo, el marabino fue rehabilitado políticamente por José Antonio Páez. Fallecería en París en 1845, en labores diplomáticas que buscaban el reconocimiento de la Independencia venezolana por parte de España.

Comentarios

  1. Saludos, Humberto, soy Norberto J. Olivar, profesor de LUZ, necesito una copia de este libro de Riaño sobre Urdaneta, ¿tú lo tienes?, en fin, avísame tal caso. Y gracias!

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  2. cualquier cosa, escríbeme a njolivar@gmail.com

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