Las cartas de Rafael Guillermo Urdaneta tras la muerte del "Brillante"

Rafael Guillermo Urdaneta. Fotografía diario Qué Pasa. 
Rafael Guillermo Urdaneta, hijo mayor del prócer Rafael Urdaneta, acompañó a su padre hasta su muerte en París, el 23 de agosto de 1845. El marabino (1823-1862) escribió tres cartas tras el fallecimiento del general y héroe de la Independencia, en las que narra los detalles del acontecimiento, así como las dificultades para traer el cuerpo a Venezuela y los sentimientos de la familia. 

Las cartas fueron publicadas por el Dr. Carlos Arbeláez Urdaneta en su biografía de 1945. 

El primer destinatario fue el presidente de Venezuela, general Carlos Soublette, gran amigo del prócer; el neogranadino José Ignacio "Pepe" París, cuñado de Rafael Urdaneta, fue el destinatario de las dos últimas misivas.



París, agosto 30-1845.

Excmo. Señor General C. Soublette.

Mi respetado y querido General:


Tengo que dar tregua por un momento al inmenso dolor que me agobia para participar a V. la tremenda desgracia que acaba de sucedernos, el golpe funesto que deja a una larga y desgraciada familia sumida en la orfandad, en la miseria, en la desesperación… la muerte de mi padre acaecida en esta ciudad en la madrugada del 23 del corriente.

Ni los esfuerzos del acreditado Dr. Civiale, ni los Dres. Valpeau, Marjolin, Chomel y otros a quienes llamé en tan apuradas circunstancias fueron bastantes a salvarle: la irritación había degenerado en inflamación, los riñones estaban deshechos y la vejiga enteramente dañada; era, pies, imposible que mi padre viviera más tiempo y los médicos no podían hacer milagros. El 21, como último recurso, quisieron los médicos hacer la operación de la talla, pero después reflexionaron que sería martirizar a mi padre inútilmente y hacerlo morir dos días antes, pues en el estado en que se encontraba, no habría podido resistir esa operación; el 22, a las dos de la madrugada, le entró una gran fatiga al pecho; llamé inmediatamente al Dr. Civiale y éste me dijo redondamente que mi padre no duraría 24 horas más. En efecto, todo aquel día estuvo con la fatiga, orinando gotas de sangre pura, cada dos o tres minutos, sufriendo dolores atroces hasta las doce y media de la noche que exhaló el último suspiro al acercarle yo a los labios un vaso de agua que me había pedido.

Figúrese V. mi General, cómo habré quedado después de aquella fatal noche; sin embargo, he tenido que hacer esfuerzos sobrehumanos para entenderme con todas las ceremonias de funerales, depósito, etc., etc. No quería que los preciosos restos de mi padre quedaran abandonados en una tierra extranjera a 2.000 leguas de la patria y he resuelto enviarlos a Venezuela; para eso he hecho embalsamar el cadáver por Monsieur Gannal.

Para cerciorarme de que los recursos de la medicina fueron insuficientes para salvar a mi padre, he hecho practicar la autopsia del cadáver y me he convencido del estado de daño en que estaban los riñones y la vejiga y he hecho sacar la piedra más colosal que ahora se ha visto; después de la autopsia todos nos hemos quedado admirados de que mi padre haya vivido tanto tiempo y haya tenido tanta resistencia para sufrir los dolores atroces que le producía esta piedra.

El 26 hicimos a mi padre unos modestos funerales en la iglesia de la Magdalena y dejamos el cadáver depositado en una bóveda de la misma Iglesia, hasta mediados del mes entrante, que lo enviaremos al Havre para que de allí siga a Venezuela en un buque que saldrá el 1° de octubre. Yo he resuelto irme para Caracas en el próximo paquete para consolar a mi desgraciada madre y ver si algo puedo servirle en estas circunstancias tan fatales.

Ha quedado en mi poder el Tratado con España y al pasar por Londres lo dejaré depositado en la Legación de la República en aquella capital.

No me atrevo a comunicar de repente a mi madre la fatal noticia y así solo, le digo, en una carta que envío al señor Manrique, que mi padre está gravemente enfermo. Espero que V. y el señor Manrique se pondrán de acuerdo para hacerle saber esta desgracia del modo que le sea menos mortal, pues es tan sensible y el golpe que le espera es tan fuerte, que temo mucho por su salud.

No tengo nada que recomendar a V. V. en este particular, toda vez que conozco la fina y sincera amistad que los ligaba a mi desgraciado padre y sé todos los servicios que V. V. han dispensado y dispensan cada día a mi familia; confío mucho en V. V. para este delicado y penoso encargo.

El señor Garró está fuera de París por diez días; mucha falta nos ha hecho en tan terrible trance. Mucho tengo que agradecer los servicios que estas circunstancias nos han prestado los señores Mosquera, Joaquín y Domingo Acosta, Montoya, Barón Gros y otros amigos de mi papá que hay actualmente aquí.

Tenga V. la bondad de poner a los pies (q.b.) de mi señora Olalla y de disponer de su ato. Y affmo. Servidor,

Q.B.S.M.

R.G.Urdaneta.

Incluyo a V. una carta para mi mamá que V. tendrá la bondad de hacerle entregar luego que ella sepa esta desgracia, de ningún modo antes. 

(La carta no fue hecha pública)



Daguerrotipo de Rafael Urdaneta en su lecho de muerte en París. 


Granada, octubre 10 de 1845.

Señor J.I. París

Mi muy querido tío:


Cuando V. reciba esta carta, ya habrá llegado a Bogotá la noticia del terrible acontecimiento que ha destruido para siempre mis esperanzas, mis contentos, mi dicha… la muerte de mi excelente padre acaecida en París en la madrugada del 23 de agosto.

Como Tanco debe haber impuesto a V. de todo, omito entrar en pormenores que avivarían más el profundo dolor que me agobia. El excelente e inmejorable Tanco nos sirvió en tan tristes circunstancias y nos acompañó en toda la enfermedad y muerte de mi papá con el interés y celo de que solo él es capaz; no contento con esto, y como digno representante de la generosidad de V. se hizo cargo de pagar todos los gastos de enfermedad, funerales, etc., pies yo no tenía con qué hacerlo, pues no habiendo desempeñado mi papá la comisión que tenía para España, después de su muerte, solo tomé un mes de sueldo que le correspondía, y con ese dinero dejé a mi hermano Luciano en París para que se perfeccione en las matemáticas y arquitectura y regrese dentro de 14 o 18 meses a Caracas a ayudarme a dar de comer a nuestra generosa y desgraciada familia; mi papá lo había llevado a Europa con ese intento y yo he cumplido con él dejándolo en París.

Como yo creo que el Gobierno venezolano abonará los gastos de médico, embalsamiento y funerales, pondré esa suma a disposición de Tanco, pues solo a esa condición admití los numerosos ofrecimientos de él, contrario sería abusar de la generosidad de V.V. y de lo mucho que les debemos.

Pasado mañana llegaré a Caracas y allá veré lo que hago; me parece que volveré a mi anterior destino en la Secretaría de Guerra ganando 66 pesos por mes. Con esto y otro tanto que gana Octaviano en la Secretaría de Hacienda, trataremos de no dejarnos morir de hambre hasta que se reúna el Congreso, quien tal vez a propuesta del Gobierno nos acuerde alguna pensión. Yo tengo alguna esperanza en la justicia del Congreso venezolano que no dejará morir de hambre a la familia del hombre que no solo fue uno de los principales fundadores de la Independencia, sino que después de la regeneración de Venezuela, no ha dejado de servir un solo instante y ha muerto en misión de la República.

Hoy me separo de los excelentes amigos Montoya, Correa y F. Sáez que han venido conmigo desde Inglaterra y que por sus finos cuidados y atenciones han contribuido a hacerme más llevadero el viaje en las tristes circunstancias en que me encuentro.

Me han asegurado que Melo está en Ibagué. Hágame el favor de averiguar eso y avisarme su paradero para escribirle recordándole su conducta infame para con nosotros y preguntándole si está resuelto por fin a abandonar para siempre a su mujer y sus dos hijos.

Adiós, mi querido tío: estoy temblando de llegar a Caracas, pues temo encontrar nuevas desgracias en mi familia. El 30 debieron recibir la fatal noticia y ya V. puede figurarse cómo habrán quedado después de un golpe tan fuerte.

Mil recuerdos a Enrique, Elvira, Manuelita, Antonio Escallón y demás familia y amigos y V. créame siempre su affmo., y agradecido sobrino y amigo.

R. G. Urdaneta


Rafael Guillermo Urdaneta.



Caracas, Octubre 29 de 1845.

Sr. J.I. París.

Mi muy querido tío:


El 13 del corriente llegué a esta ciudad y ya V. puede figurarse la aflicción y desconsuelo en que he encontrado a mi familia. Ya a esta fecha mi mamá está algo consolada y respirando el aire del campo en una quinta fuera de la ciudad que un amigo nuestro ha tenido la bondad de franquearnos; esperamos que el tiempo y los cuidados de todos sus hijos y de sus innumerables amigas la harán al fin conformarse con la triste suerte que le ha tocado.

Ahora es que he venido a conocer lo mucho que querían a mi papá en Venezuela; su muerte ha sido un duelo general en toda la República, pues todos los partidos lo tenían previsto para Presidente en el próximo período; todos han quedado ahora desconsolados y sin saber en quién fijarse para candidato. Nuestra familia ha recibido y recibe todos los días tantas atenciones y tantas pruebas de simparía de todo el mundo, que estamos admirados y sin saber cómo manifestarles nuestro agradecimiento. Todo Caracas, desde el Presidente de la República, Ministros, Gobernador, Arzobispo, comerciantes, artesanos y hasta los hombres más insignificantes están interesados en nuestra suerte. Han hecho una suscripción nacional para recibir los restos de mi papá y hacerle honores tan suntuosos como los del Libertador; han formado una sociedad con ramificaciones en todas las provincias para que de todas ellas vengan representantes al próximo Congreso pidiendo una pensión para mi mamá y un Decreto de honores a la memoria de mi papá. En fin, esta gente está haciendo por mi papá lo que hasta ahora ninguna República Americana ha hecho por ningún hombre. Venezuela les va a dar el ejemplo de que sabre apreciar y recompensar los servicios de sus hijos.

Yo he vuelto a ocupar mi destino en la Secretaría de Guerra y pronto creo que me emplearán en la de Relaciones Exteriores en donde podré prestar mis inútiles servicios con más provecho para el Gobierno y para mí.

Hoy estamos esperando el paquete que salió de Southampton el 2 y dentro de 6 u 8 días esperamos la barca francesa Nancy, que trae los restos de mi papá.

No tengo hoy tiempo para más, dentro de unos pocos días escribiré a V. muy largo. Mil abrazos a Enrique, Manuelita, Elisa, Antonio y demás familia. Reciban todos V.V. muchas memorias de mi mamá, Teresita y todos nosotros; saludo también a Escallón, Cordovez, y demás amigos y me repito de V. affmo. Y agradecido sobrino.

R.G. Urdaneta

No sería malo que reimprimieran en la N. Granada los artículos que sobre mi papá publicó El Liberal N° 566 que envié a V. por el correo pasado.

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